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La toxina botulínica (Botox, Azzallure, Vistabel) es una proteína que se inyecta en cantidades minúsculas en los músculos del rostro, para relajarlos y suavizar las expresiones faciales menos estéticas (causadas por el envejecimiento, estrés, preocupación) y prevenir la aparición de arrugas de expresión. Asimismo atenúa los movimientos de descenso de cara y cuello.
La toxina botulínica se aplica mediante inyección con una microaguja: no deja cicatrices, no produce inflamación, el dolor es mínimo y no es necesario el uso de la anestesia.
La aplicación de las inyecciones puede llegar a durar sólo 15 minutos.
Los resultados son visibles a partir de los 4 ó 5 días y se prolongan entre 3 y 6 meses después de cada inyección.
A partir de los 65 años, los efectos son menores.
A medida que una persona va realizando tratamientos, la duración de los efectos es cada vez mayor.
La toxina botulínica es segura. Se ha empleado desde hace más de 25 años con gran seguridad y eficacia para el tratamiento de alteraciones médicas y a dosis muy superiores que en estética. Actualmente millones de personas realizan este tratamiento con fines estéticos.
El objetivo no es eliminar todas las arrugas de la cara, sino conseguir una distribución más armónica de los distintos elementos (cejas, párpados, frente, etc.) para obtener un aspecto muy natural.
En general, los músculos de la cara de los hombres son más potentes que los de las mujeres, por lo que suelen necesitar unas dosis más elevadas y más puntos de inyección. Las zonas más demandadas por los hombres son el entrecejo y la frente.