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Psoriasis

La psoriasis es una enfermedad crónica inflamatoria, caracterizada por un crecimiento acelerado de la piel, que cursa con brotes y periodos de calma.

En algunas personas también compromete las uñas y las articulaciones. Se observa por igual en hombres y mujeres. Los síntomas aparecen usualmente entre los 15 y los 35 años de edad, aunque se puede presentar a cualquier edad.

A pesar de su aspecto, la psoriasis no es una enfermedad contagiosa. En algunos casos existe una relación de consanguinidad entre los afectados, hecho que ha servido para la investigación sobre las bases genéticas de esta enfermedad.

Afecta aproximadamente al 1,4% de la población española.

La psoriasis aunque es una enfermedad de la piel puede asociar otros problemas para la salud como son una elevación de las cifras de colesterol y triglicéridos, diabetes e hipertensión. Todo ello puede contribuir a un aumento de riesgo de enfermedad cardiovascular.

¿Por qué se produce?

La psoriasis se produce por la activación errónea de los linfocitos T por el sistema inmune. La activación ocurre en forma de brotes, desencadenada por diferentes estímulos, y determina un crecimiento acelerado de la piel. Esto significa que en el paciente con psoriasis  la epidermis se renueva en unos pocos días en lugar de semanas como ocurre usualmente en las personas sanas.

Los principales factores desencadenantes de los brotes de psoriasis son el estrés, las infecciones faríngeas por estreptococos, los climas fríos y secos, las quemaduras solares y los traumas menores, como arañazos o golpes, el sobrepeso. Otros factores asociados son el uso de algunos medicamentos, entre los que se incluyen el litio, el propranolol, y los betabloqueantes. 

¿Cómo se manifiesta?

Las manifestaciones clínicas de la psoriasis aunque son muy características, también son variadas, por lo que la expresión clínica se divide en:

  • Psoriasis en placas: Es la forma más frecuente, y representa  el 80% de los casos. Consiste en placas  ligeramente elevadas, de color rojizo, y con una escama adherida, blanco-plateada, localizadas  de forma simétrica en  codos, rodillas y  región lumbar,  aunque pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo. 
  • Psoriasis de cuero cabelludo: Es idéntica a la psoriasis en placas, pero localizada en el cuero cabelludo. A menudo se acompaña de un picor intenso y de descamación similar a la caspa. Es más frecuente en la nuca y detrás de las orejas.
  • Psoriasis de uñas: La psoriasis puede afectar a las uñas de las manos y de los pies. Las manifestaciones son variables según el tiempo y la severidad de la enfermedad. Van desde piqueteado tipo dedal (“pitting”) hasta un engrosamiento, cambios de color e incluso perdida de la uña. En algunos casos, puede confundirse con una infección por hongos de las uñas.
  • Psoriasis en gotas: Esta forma clínica es mas frecuente en niños y adultos jóvenes. Se caracteriza por la aparición súbita y rápida de multitud de  pequeños puntos rojizos con una descamación fina, localizados en tronco y extremidades. Aparece frecuentemente después de infecciones de garganta, desapareciendo en semanas o meses después del tratamiento. No es frecuente que ocurra un rebrote.
  • Psoriasis pustulosa: Las lesiones en esta forma clínica consisten en "granos” de  pus, llamados pústulas, acompañadas de un enrojecimiento de la piel que la rodea. La localización más frecuente son las palmas de las manos y las plantas de los pies, sin embargo puede presentarse en cualquier parte del cuerpo. Esta forma de presentación es muy incapacitante y consiste en un reto terapéutico.
  • Psoriasis invertida: En esta forma clínica las lesiones de psoriasis en lugar de aparecer en codos y rodillas (superficies de extensión), aparecen en los pliegues axilares, inguinales, submamarios o pliegue intergluteo. Al ser los pliegues una zona “húmeda” generalmente no se observa la escama blanca característica de la psoriasis sino que solo se ven las placas rojas.
  • Eritrodermia psoriásica: Es la forma menos común y más severa de psoriasis, pudiendo llegar a comprometer la vida del paciente. Se manifiesta como un enrojecimiento de grandes áreas del cuerpo, acompañado de dolor y picor intenso.
  • Artritis psoriásica: Esta manifestación, no siempre esta acompañado de lesiones en piel. Consiste en una artritis inflamatoria que afecta las articulaciones sobretodo de las manos y de los pies. Los primeros signos son inflamación, rigidez y algunas veces dolor de las articulaciones al despertarse.

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento en la psoriasis está dirigido a controlar los brotes. La elección del tratamiento se realiza según el tipo clínico, la extensión, la severidad y las características específicas de cada paciente. Cada tratamiento tiene sus pros y sus contras. Por este motivo en la psoriasis se utiliza muchos los tratamientos rotativos, es decir se va cambiando de un tratamiento a otro.   Por otro lado en los pacientes con psoriasis más extensa o grave es importante vigilar los factores que aumentan el riego de infarto de miocardio como son la hipertensión, el aumento de colesterol, la diabetes y la obesidad.

Las opciones terapéuticas existentes son:

  • Tratamientos Tópicos: Corticoides, Calcipotriol (derivados vitamina D3), Retinoides tópicos, ácido salicílico y sustancias derivadas del alquitrán.
  • Fototerapia: Solterapia (sol y agua de mar), luz ultravioleta B (UVB), oxoralenos orales + irradiación de UVA en cabina medica (PUVA) o combinado con retinoides (REPUVA).
  • Sistémicos: Metotrexato, Ciclosporina, Retinoides (derivados de la vitamina A).
  • Biológicos: Se trata de proteínas similares a las humanas producidas mediante técnicas de biología molecular. Actúan bloqueando la inflamación que origina la enfermedad. Actualmente existen dos grandes grupos: por un lado, los que actúan sobre el factor de necrosis tumoral alfa (anti-TNFa) y, por otro, los que actúan contra las interleukinas 12 y 23, sustancias producidas sobre todo en los linfocitos. Estos tratamientos se reservan para los casos de psoriasis que no responden a otros tratamientos.

¿Cómo se puede prevenir?

Además de seguir los tratamientos médicos, los pacientes pueden ayudar a prevenir los brotes realizando: hidratación diaria de la piel, evitando climas fríos y secos, buscando alternativas a la utilización de medicamentos desencadenantes, evitando cortes, arañazos e infecciones, realizando baños de sol, controlando el estrés, evitando el consumo de alcohol y tabaco, estimulando el consumo de alimentos ricos en antioxidantes y disminuyendo de peso.

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