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Herpes zoster

El herpes zoster, también conocido como culebrilla o fuego de San Antonio, corresponde a la reactivación del virus varicela-zoster.

Es una infección dolorosa que de forma característica compromete una única región nerviosa (dermatomo). Es más frecuente en personas mayores de 60 años, aunque  puede ocurrir en cualquier persona que haya tenido la varicela en algún momento de su vida.

¿Por qué se produce?

La causa específica por la que ocurre la reactivación del virus varicela-zoster se desconoce. El primer contacto con el virus de la varicela-zoster ocurre generalmente durante la infancia y se manifiesta como la varicela. Pasada esta infección el virus queda latente o inactivo en el ganglio nervioso y en determinadas circunstancias puede reactivarse y migrar a la piel siguiendo el trayecto de un nervio. Entre los factores que predisponen a la reactivación de virus están una disminución de la inmunidad del individuo bien sea por enfermedad o por medicamentos inmunosupresores. En los niños es más frecuente la reactivación en aquellos que han sufrido varicela antes del año de edad.

¿Cómo se manifiesta?

Las manifestaciones clínicas están precedidas por un dolor intenso tipo ardor o quemazón que puede durar unos dos días antes de la aparición de los síntomas cutáneos. Después aparecen ampollas o vesículas pequeñas, agrupadas que  siguen  un trayecto nervioso en forma de banda. A los 7-10 días las vesículas se secan y se forman costras. Otros síntomas asociados son fiebre, escalofríos, malestar general, dolor de cabeza, dolor articular, e inflamación de los ganglios linfáticos.  La localización más frecuente es el tronco Cuando se afecta el nervio facial puede haber además una parálisis facial,  caída del parpado (ptosis palpebral), disminución de la audición, perdida del movimiento del ojo, problemas en el sentido del gusto y problemas de visión por úlceras cornéales.

Una vez se han resuelto las lesiones cutáneas puede persistir un dolor de tipo neurálgico (neuralgia postherpetica).

El contenido líquido de las vesículas o ampollas es contagioso para alguien que no haya tenido la varicela.

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento de elección son los antivíricos por vía oral. Sin embargo para que sea efectivo debe iniciarse idealmente  en las primeras 24 horas de la aparición del dolor o las molestias, antes incluso de la aparición de las ampollas, y siempre dentro de las primeras 72 horas. El objetivo del tratamiento es disminuir la duración del episodio disminuir el dolor y prevenir las complicaciones. Para el control del dolor pueden ser necesarios  antiinflamatorios potentes y analgésicos. En caso de neuralgia postherpética pueden ser necesarios otros medicamentos como antiepilépticos y antidepresivos. Estas medicaciones deben ser siempre prescritas por su médico.

¿Cómo se pueden prevenir?

Debido a que es una reactivación de una infección previa no se puede prevenir. Sin embargo sí se puede prevenir la primoinfección por varicela bien sea evitando el contacto con las vesículas de las personas con varicela o herpes zoster o bien mediante vacunación contra el virus de la varicela zoster.

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