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En Dermik ofrecemos una atención especializada para el niño con angiomas. La Dra. Eulalia Baselga forma parte del “Hemangioma Study Group”, un grupo formado por dermatólogos pediátricos de 10 hospitales pediátricos estadounidenses, dedicado al estudio de los angiomas y que colabora en proyectos de investigación para conocer y mejorar la naturaleza de estas lesiones así como las opciones de tratamiento más eficientes. Asimismo, la Dra. Baselga es la coordinadora de la Unidad de Angiomas y Lesiones Vasculares del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.
Los Angiomas son el tumor benigno más común entre los niños. Las lesiones generalmente se hacen visibles después del nacimiento y pueden crecer durante algunos meses. Eventualmente las lesiones pueden desaparecer, pero el proceso puede tardar unos 10 años. Es infrecuente que surjan complicaciones, pero en caso que así sea deben ser tratadas de forma inmediata y adecuada para evitar males mayores.
Un angioma (hemangioma), también conocido como una “marca de fresa”, es un tipo de marca de nacimiento muy común, formada por vasos sanguíneos.
La mayoría de los angiomas pueden aparecer al principio sólo como una pequeña marca, como un arañazo o granito rojo. Pero, a diferencia de otro tipo de marcas de nacimiento, los angiomas crecen y cambian considerablemente durante los primeros meses de vida. Pueden aparecer en cualquier lugar de la superficie de la piel, pero son más frecuentes en el cuero cabelludo, cara y cuello. Todos los angiomas de la piel son visibles hacia los 6 meses de edad.
Los angiomas pueden estar ubicados en las capas más superficiales de la piel (angioma superficial) o bajo la piel, en la grasa (angioma profundo). Los angiomas que están en la superficie son generalmente de color rojo brillante a violeta, mientras que los angiomas profundos pueden ser azul, violeta, o incluso del color normal de la piel si se encuentran muy profundos bajo la superficie de la piel.
La mayor parte de los angiomas son redondos u ovalados, aunque las lesiones más grandes siguen la forma de la parte del cuerpo afectada. El tamaño de los angiomas varía. Algunos de ellos son muy pequeños (1mm) mientras que otros son muy grandes (20cm o más grandes). Cada angioma es diferente en la forma de crecer y en el tiempo que continúa creciendo hasta que deja de hacerlo.
Los angiomas crecen rápidamente durante las primeras semanas o meses. Hacia los 8 meses suele cesar el crecimiento y entran en una fase de involución, en el que empiezan a disminuir de tamaño. A medida que la lesión va disminuyendo, el color puede variar de rojo a violeta y gris. Este cambio de color suele ser el primer signo de que el angioma ha empezado a involucionar. El volumen del angioma suele tardar más en disminuir.
Pueden pasar varios años hasta que el angioma desaparece totalmente. Las lesiones más grandes tardan bastante más en desaparecer y tienen un mayor riesgo de dejar un residuo de piel sobrante o en exceso.
La causa del angioma es desconocida. Son más comunes entre las niñas que los niños y también son más frecuentes en la raza blanca. Hemos aprendido que los angiomas aparecen con mayor frecuencia entre los bebés con bajo peso o nacidos prematuramente, en hijos de madres con placenta previa o que han tenido hipertensión (eclampsia) durante el embarazo. A partir de ahí, no se ha identificado cuáles son los factores de riesgo. Seguimos investigando para hallar las causas de los angiomas y poder así prevenir estas lesiones y controlar su crecimiento.
Los angiomas no son dolorosos a no ser que se ulceren, es decir que se abra una herida.
Los angiomas son lesiones completamente benignas que acaban involucionando. Aproximadamente un 10% de los angiomas puede dar alguna complicación. En este sentido es importante que su pediatra o un dermatólogo pediátrico valore si por la localización, tamaño o por el tipo de crecimiento prevé que el angioma de su bebe puede presentar complicaciones o debe plantearse un tratamiento. En este sentido los angiomas que requieren una atención especial son:
Los angiomas cuando desaparecen no siempre dejan la piel “como si nada hubiera pasado”. Dependerá de la localización, del tamaño del angioma y también de cada niño el que dejen más o menos secuela. Los angiomas superficiales no suelen dejar ninguna cicatriz cuando se van. Como mucho, quedan pequeños capilares (telangiectasias). Los angiomas más profundos, aquellos que sólo abultan, pero la piel de la superficie es normal, tampoco suelen dejar ninguna secuela. Sin embargo hay algunos angiomas mixtos que al marchar dejan una piel sobrante o redundante, que más tarde se puede corregir con cirugía plástica. Los angiomas que se han ulcerado suelen dejar una cicatriz en la zona que se ulceró.
La piel de los angiomas es resistente por lo que no es fácil que se abra o sangre por un golpe. En caso de hacerse una herida en un angioma sangra un poco más que la piel normal pero apretando durante varios minutos, paran de sangrar sin problemas.
No hay ningún problema porque al angioma le toque el sol. Los niños con angiomas pueden practicar cualquier deporte.
La mayoría de angiomas no necesitan ningún tratamiento puesto que desaparecen por si solos y únicamente hace falta paciencia. Sin embargo hay algunos angiomas que, por su localización (cerca del ojo, si cierran el oído, si dificultan la alimentación), o por su rápido crecimiento, o por estar en la cara y ser desfigurantes desde el punto de vista estético, pueden necesitar tratamiento. Su pediatra o su dermatólogo pediátrico le aconsejará en estos casos que merecen especial atención y le informará de la necesidad de tratamiento y del mejor tratamiento para cada caso.
Existen diferentes formas de tratar a los angiomas dependiendo de la edad de su hijo, del motivo de tratamiento y de la localización de los angiomas. Los tratamientos más utilizados son: